El capitán de la Celeste, Federico Valverde necesitó varios días antes de poder hablar. Una semana después de quedar eliminado en fase de grupos, publicó una extensa carta en sus redes sociales y dejó al descubierto una herida que, en realidad, viene de antes.
“Ya pasaron varios días desde la eliminación y recién ahora puedo empezar a procesar todo lo que viví, aunque sé que hay una parte de mí que, posiblemente, nunca logre superar otra eliminación en primera ronda como la que sufrí en el Mundial de Qatar. Esa espina todavía sigue clavada”, comenzó.
Valverde llegó a esta Copa del Mundo decidido a evitar que la historia se repitiera. Durante toda la temporada trabajó con ese objetivo y, según reconoció, se preparó no solo físicamente, sino también desde lo emocional.
“Siento una responsabilidad enorme por mi país. Es un orgullo que me llena el alma. Hice todo lo que estuvo a mi alcance: me preparé física y emocionalmente e intenté no volver a repetir lo que pasó, trabajando duro durante toda la temporada. Pero, evidentemente, no alcanzó”, añadió.
Lejos de buscar excusas o repartir responsabilidades, el capitán asumió la eliminación casi como una deuda personal con Uruguay. Y fue especialmente duro consigo mismo.
“Asumo la derrota. Asumo por completo la responsabilidad de no haber podido cumplir con mi deber hacia la selección y hacia ustedes. Me hago cargo del fracaso y sé que no estuve a la altura. Pero, bajo ningún punto de vista, renunciaré a representar a mi país, aunque me cueste la vida”, ahondó.
El mensaje, atravesado por el dolor y la autocrítica, terminó mirando hacia adelante. Porque, pese al golpe, Valverde dejó claro que no piensa alejarse de la selección. Al contrario: cerró su carta con una promesa.
“No sé cómo ni cuándo, pero les juro por mi vida que no voy a irme de esta selección sin dejarla en lo más alto”.
Tal vez ahí esté la frase que mejor explica su vínculo con la Celeste. Para Valverde, jugar por Uruguay no parece ser solamente un privilegio. También es una responsabilidad que lleva muy adentro y una historia que, después de otro golpe, se niega a dar por terminada.
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