Empezó desde muy joven siendo modelo, pero con el tiempo, se dio cuenta que su pasión era comunicar la moda desde otro lugar. Y fue así que incursionó como diseñadora y creó House of Nos, una marca de “costura de lujo”, en donde la creatividad, la artesanía y la tecnología se unen para crear piezas que son verdaderas obras de arte. Radicada en Los Ángeles, Gabriela Rosés, contó a CARAS lo orgullosa que está de este nuevo emprendimiento, y aseguró que también vive un gran momento personal, junto a su pareja, con el sueño de ser mamá en un futuro cercano.
—¿Cómo y cuándo surgieron las ganas de convertirse en diseñadora de moda?
—Crecí en una casa donde el arte era parte de lo cotidiano: mi madre trabajaba el vitral, y mi padre, la técnica mixta. Para mí crear con las manos nunca fue una decisión, fue un idioma materno. Empecé estudiando medicina —me atraía esa precisión, entender cómo estaba hecho lo vivo—, pero muy joven empecé a trabajar como modelo y ese mundo me corrió de lugar. Desde adentro vi cómo se construía una prenda, cuántas manos hacían falta, y entendí que mi lugar no era delante de la cámara sino detrás del objeto. Si hoy hago lo que hago es por mi madre, que me formó para esta vida, y aunque ya no esté, sigue siendo mi mayor inspiración. Y por mi padre, de quien aprendí la paciencia y la disciplina.
—¿Qué significa el nombre de su marca House of Nos y cómo definiría el concepto de “costura de lujo”?
—House of Nos viene de “Nos”, de nosotros. La alta costura es lo opuesto al mito del diseñador solitario: cada pieza pasa por bordadores, patronistas, modistas y talleres especializados en distintos países, y una sola prenda puede exigir más de 300 horas de trabajo. El nombre es un reconocimiento a todos ellos: es la casa de todos nosotros. Para mí esa es la definición de costura de lujo —el tiempo humano contenido en un objeto, lo único que no se puede industrializar ni apurar—, y es también una visión colectiva donde la creatividad, la artesanía y la tecnología más avanzada convergen al servicio de la pieza.

—Cada pieza suya es una verdadera obra de arte. ¿De dónde surge la inspiración?
—Pienso cada prenda como algo que va a trascender el momento en que se usa: un objeto que podría estar tanto sobre un cuerpo como en la sala de un museo. La inspiración me llega de la arquitectura —de cómo una estructura sostiene y a la vez deja respirar— y de mi fascinación por las culturas de Oriente, por su relación con el detalle y el ritual. Y de algo muy mío: vivir entre idiomas y entre culturas. Esa mezcla termina apareciendo en cada puntada.
—Las prendas que confecciona son solo por pedido. ¿Cuál ha sido la pieza más desafiante o compleja que ha diseñado, y quiénes son sus clientas más importantes?
—Como trabajamos exclusivamente a medida, cada proyecto es un desafío distinto. Las piezas más complejas han requerido cientos de horas de bordado artesanal y coordinar talleres en varios países para una sola clienta. Ese es el verdadero lujo: que algo exista una sola vez, para una sola persona. Y sobre nuestras clientas, lo que las define es justamente que no se las nombra. Son mujeres de familias prominentes, empresarias y coleccionistas de alta costura, en gran parte de la región del Golfo, donde la exclusividad y, sobre todo, la privacidad, son el bien más preciado. Mi trabajo empieza por protegerlas.

—Desde su experiencia, ¿qué consejo le daría a alguien que busca encontrar su propio estilo dentro del mundo del lujo exclusivo?
—Creo que el error más común es confundir lujo con visibilidad. Quienes verdaderamente habitan ese universo rara vez intentan demostrar algo: el lujo más sofisticado es silencioso. No vive en las redes ni en los titulares, sino en los espacios privados, en los detalles que solo reconoce quien entiende el oficio detrás de una pieza. Mi consejo es dejar de perseguir tendencias y empezar a construir identidad. Una mujer elegante no es la que viste lo que todos desean, sino la que viste algo que solo podría pertenecerle a ella.

—¿Cuáles son sus sueños en lo profesional?
—Te confieso que mi sueño no es el que se espera. No sueño con un desfile en una Fashion Week ni con abrir locales por el mundo. Muchos piensan que crecer significa producir más o estar en más lugares; en nuestro caso, el crecimiento tiene que ser cuidadosamente curado. House of Nos trabaja para un círculo muy específico, y preservar esa exclusividad es parte fundamental de nuestra identidad. Por supuesto que tenemos ambiciones: además de la alta costura, estamos desarrollando colaboraciones muy selectivas en ediciones limitadas de prêt-à-porter y objetos para el hogar. Más que una marca de moda, me interesa construir un universo creativo que pueda extenderse a distintas disciplinas sin perder su esencia.
—¿Cómo es su vida actualmente? ¿Vive

en Los Ángeles o se reparte entre Estados Unidos y Uruguay?
—Hoy mi base está en Los Ángeles, donde funciona nuestra operación creativa, pero trabajo de una forma muy internacional. Dicho eso, Uruguay no es un recuerdo para mí, es el sitio a donde siempre regreso, allí están los amigos.
—En lo personal, está en pareja y muy feliz. ¿Le gustaría volver a casarse? ¿Y ser mamá?
—Estoy en el más feliz de los momentos en lo personal. Comparto la vida con alguien que es mi gran compañero y, sí, estamos en plena búsqueda de formar una familia. Sobre el pasado prefiero no detenerme, lo respeto y me enseñó mucho, pero ya no es la historia que estoy contando. Hoy miro hacia adelante, y lo hago acompañada de alguien realmente especial.
—Imagino que su trabajo implica muchas horas. ¿Qué hace para desconectar y cuidar de su bienestar y vida privada?
—Cuando estás construyendo algo a este nivel, “desconectar” no existe como lo vende el bienestar de Instagram. House of Nos transformó mi vida por completo, y eso tiene un costo del que casi nadie habla. Aprendí que el descanso no es ausencia de trabajo, es elegir bien dónde poner la energía. Me cuido protegiendo lo esencial: las personas que quiero, el silencio antes de empezar el día. No busco un equilibrio perfecto —no creo que exista para quien emprende—, busco no perderme a mí misma en el camino. Esa es la disciplina más difícil y la más importante.