Es sabido que durante mucho tiempo, la belleza estuvo asociada a borrar imperfecciones, disimular el paso del tiempo y perseguir ideales ajenos. Hoy, la conversación empieza a cambiar: ¿y si verse bien tuviera más que ver con reconocerse que con transformarse? En la medicina estética, la naturalidad no depende solo de una técnica, sino también de la capacidad de escuchar, comprender qué busca cada persona y saber cuándo intervenir y cuándo no. Una mirada en la que la empatía y el criterio profesional son tan importantes como el tratamiento.
Virginia Vezzoso, médica con formación de posgrado en medicina estética y armonización orofacial y capacitaciones en Chile y Brasil, forma parte del equipo de Swan Centro Estético. Desde su experiencia, propone una mirada que pone en el centro la identidad de cada persona y la importancia de acompañar sus expectativas con sensibilidad y criterio.
«Un buen resultado no debería llamar la atención por el tratamiento»
_ Hoy se habla mucho de resultados naturales en medicina estética. ¿Qué cambió en la forma de entender la belleza y qué buscan actualmente las pacientes?
Creo que hoy hay una mirada más personal y consciente de la belleza. Muchas pacientes ya no buscan cambiar sus rasgos ni parecerse a alguien más; quieren verse frescas, descansadas y sentirse bien con su imagen, pero seguir reconociéndose. Para mí, un buen resultado no debería llamar la atención por el tratamiento, sino por la armonía del conjunto. Que alguien te diga «qué bien te veo» es mucho más lindo que preguntarte qué te hiciste.

- Dra Virginia Vezzoso
_ ¿Cómo encontrás el equilibrio entre rejuvenecer, mejorar un rasgo o aportar frescura sin perder la expresión y la identidad del rostro?
El punto de partida es entender que cada rostro tiene una identidad y una expresión propias. No se trata de borrar todos los signos del paso del tiempo, sino de observar qué puede aportar frescura y armonía sin quitar aquello que hace única a esa persona.La técnica es importante, pero también lo es saber cuándo detenerse. La naturalidad aparece cuando el tratamiento acompaña el rostro y no compite con él.
_ Cuando una paciente llega a tu consulta con una idea muy concreta de lo que quiere hacerse, ¿cómo evaluás qué tratamiento es el más adecuado? ¿Puede ocurrir que la mejor recomendación sea no intervenir?
Primero escucho qué le preocupa y qué espera lograr. Después evalúo su rostro, sus características y la indicación de cada tratamiento. La decisión tiene que ser individual: algo que puede ser adecuado para una persona quizá no lo sea para otra. Y sí, a veces la mejor recomendación puede ser esperar o no realizar un tratamiento. Parte de nuestro compromiso es orientar con honestidad, explicar las opciones y respetar los tiempos de cada paciente
«Que alguien te diga “qué bien te veo” es mucho más lindo que preguntarte qué te hiciste».
La naturalidad también está en los detalles
_ En tratamientos como el relleno de labios o la armonización facial, ¿qué aspectos técnicos y anatómicos son fundamentales para lograr un resultado natural y evitar los excesos?
Es fundamental conocer la anatomía, valorar las proporciones y trabajar con criterio. No existe una medida única de belleza ni un resultado que haya que reproducir en todos los rostros. La evaluación debe considerar la forma, la expresión y el equilibrio facial de cada paciente.También es importante conversar con claridad sobre lo que el tratamiento puede ofrecer. Mi objetivo es realzar sin exagerar y cuidar que la persona siga sintiéndose ella misma.
«A veces la mejor recomendación puede ser esperar o no realizar un tratamiento».
_ Tu formación de posgrado y las capacitaciones en Chile y Brasil forman parte de tu recorrido profesional. ¿Qué te aportó formarte en el exterior?
Formarme y capacitarme en otros lugares me permitió ampliar la mirada, conocer distintas experiencias y seguir aprendiendo de una disciplina que evoluciona constantemente. Cada instancia de formación suma herramientas, pero también invita a revisar la propia práctica y a preguntarse cómo ofrecer una atención cada vez más cuidadosa. Todo ese recorrido forma parte de mi manera de trabajar, junto con la experiencia y el vínculo cotidiano con mis pacientes.
_En una disciplina donde la práctica es tan importante, ¿cómo se complementan la formación académica, la experiencia clínica y la actualización permanente? ¿Qué aprendés del trabajo cotidiano con tus pacientes?
Para mí, son aspectos que se complementan. La formación aporta bases y conocimiento; la experiencia clínica ayuda a desarrollar criterio, y la actualización permanente permite seguir aprendiendo y tomar decisiones con responsabilidad. Del trabajo con las pacientes aprendo todos los días. Cada persona llega con una historia, una expectativa y una manera propia de relacionarse con su imagen. Escucharla es parte central del tratamiento.
Cuidar la belleza a largo plazo
_ ¿Cómo influye la planificación a largo plazo en los resultados? ¿Por qué preferís, en determinados casos, trabajar de manera progresiva en lugar de buscar cambios inmediatos?
La planificación permite pensar el cuidado del rostro como un proceso y no como una sucesión de cambios aislados. En algunos casos, avanzar de forma progresiva ayuda a valorar cada etapa y a decidir con más criterio qué conviene hacer después. No todas las pacientes necesitan lo mismo ni al mismo tiempo. Prefiero proponer un plan realista, adecuado para cada persona y respetuoso de sus objetivos.
_ Desde tu experiencia, ¿qué significa acompañar a una persona en su búsqueda de sentirse mejor con su imagen, respetando sus deseos y su individualidad?
Significa escucharla, comprender qué busca y acompañarla sin imponerle un ideal. La medicina estética no debería hacer que una persona sienta que tiene que ser otra; puede ser una herramienta para que se sienta más cómoda y segura con su propia imagen.

- Mariela Silva y Valeria Aguilera, directoras de Swan Centro de Estética.
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