miércoles 02 de septiembre del 2026
TEATRO Ayer 11:24

La Tempestad continúa en cartel y suma funciones en setiembre

La puesta dirigida por Fernando Amaral extiende su temporada y vuelve a encontrarse con el público. Esteban Recagno, uno de sus protagonistas, habla sobre el desafío de llevar Shakespeare al cuerpo y de construir una experiencia teatral que rompe con las formas tradicionales.

Esteban Recagno se encuentra en una etapa donde prefiere el riesgo a la comodidad. Lo demuestra en la puesta en escena de La Tempestad, dirigida por Fernando Amaral, una propuesta hiperfísica y sensorial que rompe la cuarta pared para transformar al espectador en parte del naufragio. La respuesta del público ha sido tan contundente que la producción confirmó que la obra sigue en cartelera, sumando nuevas funciones el 6 y 13 de setiembre.

Entre la disciplina del cuerpo, la vulnerabilidad de Shakespeare y la búsqueda de una verdad despojada sobre las tablas, Recagno reflexiona sobre esta experiencia que le exige llevar la palabra directo a la piel.

ESTEBAN RECAGNO

 

—¿Qué significa para ti formar parte de La Tempestad, una obra que plantea un desafío escénico tan particular? ¿Qué te exigió este trabajo como actor? 

—Un proyecto tan ambicioso como La Tempestad, y más bajo la mirada de Fernando Amaral, siempre te posiciona en un lugar de vulnerabilidad hermoso. Shakespeare exige una entrega total, pero en esta puesta en particular el desafío fue llevar la palabra a la piel. A nivel actoral me exigió una disciplina física impresionante. Tuvimos un entrenamiento intenso donde la voz, la corporalidad y la emoción tenían que estar alineadas al milímetro para sostener esa atmósfera mágica sin perder la verdad.

 

—Sin adelantar demasiado de tu personaje, ¿qué puedes contarnos de él y cómo encontraste la manera de hacerlo propio dentro de una obra tan física y dinámica?

—Fernando es un príncipe, pero en nuestra propuesta está muy lejos del estereotipo rígido o puramente romántico. Es un personaje atravesado por un contraste brutal: arranca quebrado por el duelo, creyendo que su padre, el rey Alonso, murió en el naufragio. Ese dolor real de la pérdida se entrelaza de inmediato con la aparición del amor cuando conoce a Miranda. Para probar si su amor es auténtico, Próspero lo somete a pruebas y trabajos muy duros. Para hacerlo propio dentro de esta dinámica tan activa e hiperfísica, busqué conectarlo con la honestidad bruta del instinto: la mirada, el cansancio real, la resistencia física bajo la prueba y la vulnerabilidad de quien lo perdió todo y, aun así, decide entregarse al amor. En una obra con tanto ritmo, la clave para hacer de Fernando algo único fue no actuar el sufrimiento, sino dejar que el dinamismo de la puesta me lo hiciera vivir en el cuerpo.

—Después de tantos años de carrera, ¿qué desafíos todavía te inquietan como actor? ¿Qué sientes que estás buscando hoy que quizás no buscabas al comienzo de tu camino?

—Hoy me inquieta muchísimo el riesgo, despojarme de las zonas de confort. Al principio de la carrera uno suele buscar la aprobación, demostrar la versatilidad o afianzar la técnica. Hoy estoy en una etapa donde busco la verdad desnuda, el encuentro genuino con la mirada del espectador y proyectos que me modulen por dentro. Me inquieta no saber hacia dónde me va a transformar un personaje, y esa incertidumbre es precisamente la que sigo persiguiendo.

ESTEBAN RECAGNO

—¿Cómo estás percibiendo al público y al teatro uruguayo en este momento? ¿Sientes que hay una búsqueda de nuevas formas de contar y de generar experiencias diferentes para quienes van al teatro?

—Siento que el público uruguayo está más abierto que nunca a dejarse atravesar por propuestas sensoriales e inmersivas. Hay una necesidad compartida, tanto de los creadores como de la gente, de romper la cuarta pared tradicional. El espectador ya no quiere ser un mero observador pasivo; busca una experiencia completa que lo sacuda, que lo interpele desde lo visual, lo físico y lo emocional. El teatro nacional está viviendo un momento de búsqueda artística alucinante y ser parte de eso es un verdadero privilegio.

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