En la cancha, Marc Cucurella transmite seguridad y entrega. Pero fuera del fútbol hay un desafío mucho más profundo que marcó su vida: acompañar a Mateo, su hijo mayor, diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista (TEA) de nivel 1 cuando tenía apenas 3 años.
El futbolista de 28 años, padre de Mateo, Río y Bella junto a su esposa Claudia Rodríguez, asegura que su familia siempre está por encima de cualquier logro deportivo. Y reconoce que fue precisamente Mateo quien cambió para siempre su forma de ver el mundo.
“Mi hijo mayor fue el que un poco nos cambió la vida a todos. Cuando empezó la escuela infantil empezamos a ver cosas diferentes. Veíamos que en las fotos que salían de los niños jugando, él siempre estaba un poco solo”, recordó en una entrevista con RTVE.
Con el paso de los meses, las señales comenzaron a ser más evidentes.
“Cuando va creciendo, ves que no habla, que no parlotea mucho. Esa etapa fue probablemente la más dura. Yo creo que ver a tu hijo sufrir es de las cosas más duras que hay”.
Hablar del tema todavía lo emociona. Incluso admite que, como padre, muchas veces siente que no tiene todas las respuestas.
“A veces no sé cómo ayudarle”.
Su esposa también recordó el difícil camino que atravesaron antes del diagnóstico y la sensación de desamparo que vivieron como familia.
“No recibimos mucha ayuda de la escuela y pasamos por los peores meses. Todos los días íbamos juntos a dejar a Mateo y volvíamos a casa llorando. Todos los días”.
Con el tiempo, ambos comprendieron que el diagnóstico no solo cambiaba la vida de su hijo, sino también la de toda la familia.
“Vale, tienes el diagnóstico que dice que tu hijo es autista, pero los padres no estamos preparados para esto, así que tenemos que aprender mucho. Probablemente Mateo también nos ha enseñado mucho”, reflexionó el jugador.
Hoy, Cucurella utiliza la visibilidad que le da el fútbol para concientizar sobre el autismo y reclamar más apoyo para las familias.
“Estoy muy contento de que con el poder de visualización que tenemos esto haga eco y sirva para ayudar a más familias, para que se abran más escuelas o más centros de ayuda y de apoyo. A mí me ha servido para dar valor o priorizar las cosas que realmente son importantes y las que no”.
El defensor también explicó que, hasta ahora, Mateo no suele asistir a todos sus partidos porque determinados entornos pueden resultarle abrumadores. Sin embargo, reveló que su hijo sí lo acompañaría en una de las finales más importantes de su carrera, en un nuevo paso dentro de un camino que la familia transita unida.
Más allá de los títulos y los estadios repletos, la historia de Marc Cucurella pone el foco en otra realidad: la de un padre que, como tantos otros, aprende cada día junto a su hijo y utiliza su voz para visibilizar un desafío que atraviesan miles de familias en todo el mundo.
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