jueves 18 de abril del 2024
NUEVA EDICIóN 30-08-2023 18:07

Gustavo Lust: "Mis padres siempre me aceptaron como soy"

Lejos del personaje de Tav, que creó, según dice, para protegerse cuando sufría bullying en el colegio, el subcampeón de “Masterchef Celebrity” posó por primera vez junto a sus papás Liz y Mario en su Maldonado natal, y habló a corazón abierto".

Victoria Rapetti

Quienes lo conocen de chico saben que él nació para ser una estrella. En la primera década del 2000, en una ciudad del interior, destacar por ser diferente no era sencillo. Usar plataformas altísimas, llevar una larga coleta rubia postiza y calzas para salir a bailar a uno de los únicos boliches de la ciudad, no era para cualquiera. Pero a Tav Lust nunca le importó el qué dirán, al menos eso aparentaba. “Sufrí bullying, pero igual siempre fui el popular del colegio. Esto fue gracias a Tav Lust, ese personaje que me creé para protegerme”, dice Gustavo Lust a CARAS. Años después, el cantante e influencer comprendió que el respaldo incondicional de su familia fue crucial para forjar su confianza. Sus padres, Liz y Mario, siempre lo alentaron, sin dictarle lo correcto o incorrecto, sino motivándolo a perfeccionarse en todo lo que emprendía. Tav Lust es, en esencia, Gustavo, el hijo menor de una familia campestre de serenidad contagiosa. Por primera vez, el cantante pop e influencer que cobró enorme notoriedad en Masterchef Celebrity, abrió las puertas de su corazón y posó para CARAS junto a sus padres.

    —¿Cómo fue crecer en Maldonado siendo Tav Lust?

    —Yo era chico y mis intereses diferían de los de mis compañeros. Aquello que me atraía a menudo no era lo convencionalmente aceptado por los chicos de mi edad. Empecé a sentir frustración al lidiar con la dificultad de aceptarme tal como era. No entendía por qué mis preferencias eran distintas. Me hacían bullying, tenía otro peso, era gordo pero siempre fui muy seguro. Hoy con muchos años de terapia me doy cuenta que Tav Lust era el alter ego que se creaba Gustavo para protegerse.

    —¿Cómo reaccionaban sus padres cuando usted se mostraba tan distinto?

    —Al principio tenía miedo de mostrarme frente a ellos. A medida que crecía, gané confianza y empecé a expresarme más. Mis padres hicieron que todo fuera muy simple: me dijeron que si yo era feliz, todo estaba bien. De todos modos, ellos hicieron todo un proceso interno, mi papá es un gaucho, se tuvo que deconstruir por completo, lo admiro profundamente por eso. Gustavo se fue transformando en Tav y mis padres fueron a la par, acompañando a su hijo que era diferente.

    —¿Su infancia fue feliz?

    —En mi casa sí, pero en la escuela y liceo era complicado. Cuando armé mi personaje, salía al recreo y parecía que no me importaba nada, pero en casa lloraba.

    —¿Cómo vivieron sus padres su participación en Masterchef?

    —Fue muy intenso para ellos. Yo apagué el celular y me dediqué a prepararme. Estaban siempre pendientes de mis mensajes. No podían creer lo bien que estaba cocinando. Estuvieron ansiosos pero respetaron siempre mis tiempos. Cuando ellos grabaron el programa conmigo lo disfrutaron mucho, eso es algo que me emocionó y que lo voy a recordar siempre. Papá también tiene un gran histrionismo. A la final mamá fue medicada, porque tiene problemas de corazón, fue muy emocionante. 

    —Ya lo habían convocado antes, pero esta vez se preparó, tomó clases y aprendió mucho…

    —Sí, cuando me llaman de Masterchef lo consulté con mis padres, ellos me incentivaron a que aceptara la propuesta. Faltaba un mes y medio para comenzar las grabaciones. Cuando mamá se recuperó de una operación de corazón me fui con ellos a Maldonado a acompañarlos y ayudarlos. Empecé a estudiar con ellos. Leía mucho. Cuando volví a Montevideo decidí tomar clases. Cocinaba en casa, practiqué mucho. Invertí mucho dinero. Yo quería ganar. 

    —¿Ahora además de ser estilista, diseñador de moda y cantante pop, es cocinero?

    —Me cambió la vida. Ahora nunca más me cociné un arroz con huevo, me parece una falta de respeto. Me cambió la perspectiva de la gastronomía. Mi heladera cambió por completo. Antes no usaba más condimentos que un perejil y adobo, ahora tengo de todo.

    —¿Pudo disfrutar el programa?

    —Soy de Virgo, todo lo llevo a la perfección, viví el programa con mucho estrés. Ahora que ya terminé, entiendo que sí lo disfruté pero no estuve tan relajado como mis compañeros. Ellos hacían videos en Tiktoc y yo estaba prendido a los libros. Quería llegar a la final. 

    —¿Generó buenos vínculos con sus compañeros?

    —Sí, con Emilia Díaz ahora somos como hermanos. Fue una conexión muy grande, y con Jimena Márquez también. Nos juntábamos mucho a cocinar, a charlar, nos pasábamos recetas. Son jornadas de grabación muy extensas, compartís mucho tiempo con tus compañeros. 

    —¿Cómo hizo para seguir adelante con su carrera como músico y con su vida personal durante el tiempo que grababa Masterchef?

    —Corté todo. Paré shows, solo iba al estudio un ratito. Sabía que tenía que descansar. Fueron tres meses y pico dedicado a eso.

    —Llegó a la final pero no ganó. ¿Quedó conforme con los resultados?

    —Para ser honesto, no quedé satisfecho con los resultados. Puse todo mi esfuerzo para ganar. Estaba convencido de que lo lograría debido al arduo trabajo que invertí, mi disciplina, las propuestas que presenté y mi identidad como chef. Aunque no alcancé la victoria, siento que logré cumplir mi objetivo.

    —Más allá del puesto de vicecampeón, ¿qué más le dejó Masterchef?

    —El cariño de la gente es el premio más hermoso. Es lo mejor. Tengo mil anécdotas. Hace poco viajé a Buenos Aires, eran las 3 de la mañana en Tres Cruces, y una mujer se acercó llorando porque se identificaba mucho conmigo. Es increíble cómo esa mujer proyectó todas esas emociones. Ahí me di cuenta de que los medios son una oportunidad para dejar algo en la gente. El programa pasará, pero lo que siembras en esas personas durará toda la vida.

    —Creció en una generación que apenas sintonizaba la televisión. ¿Se percató del impacto que podría generar al participar en un programa televisivo?

    —Inicialmente subestimé la televisión. Pensé que solo atraería a una audiencia más adulta, pero me di cuenta que el programa llega a toda la familia. En cuanto a la fama, debo admitir que no la comprendo del todo. No me la creo, sería ingenuo si lo hiciera. No obstante, la gente me coloca en un lugar de importancia que es increíble. Siento que logré mucho más que el simple primer premio. Y si bien el premio económico era necesario porque planeaba invertirlo en mi carrera artística, el amor que recibo de la gente tiene un valor aún mayor para mí.

    —¿Ha repercutido en su carrera artística?

    —Sí, recién saqué un tema nuevo, de mi disco Gaucho Pop, y le está yendo súper bien rapidísimo. Me piden que haga shows. Hace cuatro años que me dedico a la música, tengo 10 videoclips, siempre el colectivo LGTB fue mi público objetivo y ahora estoy de a poco entrando a otro tipo de escenarios y haciendo colaboraciones con otros artistas más populares. Tengo una identidad muy pop. Tav como producto va a despegar, creo en mi proceso, he ido de a poco y sé que el público necesita educarse para empezar a incorporar cosas nuevas. La fama se cocina a fuego lento.

    —¿Es famoso ahora?

    —Sí, soy famoso. Me convertí en alguien muy popular. 

 

 

Fotos: Pablo Kreimbhul. Texto: Victoria Rapetti. Agradecimientos: 

Look: H&M Uruguay; Manager: Andrés Corsini.

 

 

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