viernes 09 de octubre del 2026
NUEVA EDICIóN Ayer 19:02

“La resiliencia es mi mayor legado” Lourdes Ferro posó junto a su hija y nieta

En una tierna producción de fotos la astróloga posó por primera vez junto a su hija, Alejandra, y su nieta, Renata. Dice ser una madre imperfecta, que brindó tiempo a sus hijos, algo que no recibió de su mamá.

Esta no es una nota más sobre astrología o sobre las predicciones que depara el 2027. Es una charla íntima, honesta, en la que se honra el linaje femenino, agradeciendo el legado recibido, pero transformando y sanando aquellas cargas familiares o emocionales que no nos corresponden. Una charla profunda que involucra tres generaciones, y que seguramente empatizará con más de un lector. La astróloga y comunicadora Lourdes Ferro posó por primera vez con su hija, Alejandra Pescetto, y su nieta, Renata, y compartieron una tierna y divertida producción, en la que salta a la vista la hermosa conexión que existe entre las tres.

  —Cada vez más se habla de la importancia de crear vínculos sanos que se transmitan de generación en generación. Pero es verdad que cada uno carga con su historia, sus patrones familiares. En su caso Lourdes, ¿cómo hizo para no repetir situaciones dolorosas que vivió con su madre para darle a su hija algo que quizás usted nunca recibió? ¿Qué cosas dijo “esto no lo quiero repetir con mi hija”?

   —LOURDES: No fui una madre perfecta. Fui —y soy— una madre absolutamente imperfecta. Pero intenté ser la madre que yo hubiera querido tener. Fui una mamá que les contaba cuentos maravillosos hasta convertir la hora de dormir en una meditación, que les enseñó a levantar piedras, a descubrir formas en las nubes y a mirar las estrellas. ¿Qué les di que yo no tuve? Tiempo. Para mí era fundamental que estudiaran, que se desarrollaran y que pudieran tomar sus decisiones desde la libertad. Porque elegir desde la libertad siempre fue uno de mis grandes sueños: no elegir desde la necesidad, la prisa o la desesperación. También era muy importante que tuvieran una profesión y un título. Tal vez ellos ni siquiera imaginan cuánto significaba eso para mí. Yo no pude terminar la secundaria en tiempo y forma, por eso sentía que estudiar les daría herramientas y posibilidades que yo no había tenido. Hoy, con mis nietos, quizás deseo otras cosas. Deseo que también puedan pintar, crear, ser artistas. Cuando era niña quería ser actriz y quería pintar; hoy esas actividades forman parte de mis hobbies. Tal vez algún día, vea alguno de esos sueños reflejado en mis nietos o en mis bisnietos. No lo sé. Pero creo que los sueños también se transmiten de generación en generación y que siempre aparece alguien que se anima a realizar aquello que otro, mucho antes, alguna vez soñó.

“La resiliencia es mi mayor legado” Lourdes Ferro posó junto a su hija y nieta

   —Alejandra, me contaba que admira de su mamá que siempre hizo “magia” en su vida y en la de su hermano, y hoy que es madre, valora aún más esos hechos. ¿Se anima a contar algunos ejemplos?

   —ALEJANDRA: Pienso en mi madre y me viene la palabra “magia” a la mente. Mamá me enseñó que con muy pocos ingredientes podíamos cocinar, que mi intuición siempre tendría mucho para decirme y que en el cielo siempre encontraría un refugio. Me enseñó que el mundo es de los valientes, que casi todo tiene solución y que los desafíos más complejos siempre son oportunidades para crecer. Siempre admiré su capacidad de brillar, aun cuando el mundo se le apagaba. Una noche, siendo una niña de 7 y mi hermano de 11, nos habían cortado la luz porque no la había podido pagar, y ella nos invitó a una “cena especial, a la luz de las velas”. Pasamos hermoso, y recién hoy, con 37 años, entiendo lo que ella pudo sentir y lo que hizo para que nosotros no nos diéramos cuenta de lo que estaba pasando.

   —Hay algo muy especial en la conexión de ustedes tres, porque en su caso, presenció el parto de su nieta Renata que fue muy complicado. ¿Qué recuerda de ese día?

   —L: Alejandra me invitó a acompañarlos a ella y a Hernán el día del parto de Renata. Pensé que era solo durante el trabajo de parto, pero cuando quise acordar, estaba ahí la ginecóloga, la partera y un grupo de enfermeras invitándola a pujar porque ya estaba lista. Todo fue de película, una hermosa sala de nacer, luces, música, aromaterapia, acompañar a mi hija en ese gran momento fue un honor. Pero se complicó. Renata se trancó en el canal de parto, y de un momento a otro, todo se transformó. Sentí que el mundo se frenó, sentí mucho miedo, y lo único que podía hacer era rezar. Y fue lo que hice. Le pedí a Dios y a la Virgen que me llevaran a mí si era necesario pero que ellas se salvaran. Alejandra fue una leona, su ginecóloga, Gina del Villar, con quien seguimos en contacto y queremos muchísimo, y la enfermera que estaba presente, hicieron un trabajo maravilloso para que hoy Renata esté aquí. Cuando se llevaron a Renata a cuidados intensivos la que quedó en esa sala, luego de un parto dificilísimo, era mi hija. Y yo agradezco a la vida haber estado con ella en ese momento tan especial y tan difícil de su vida.

   —A: Fue muy duro. De hecho, corrimos peligro de muerte las dos. Yo escuchaba que decían que bajaban los latidos, no la podían sacar, hasta que finalmente lo logran y se la llevan a CTI. Y me desmayé. Y mamá estaba ahí, a mi lado. Luego llegó una señora a limpiar, me pregunta el nombre de mi hija, y cuando le digo Renata me dice: “¿Sabés qué significa en italiano su nombre? Renacida”. Y fue tal cual.

   —Cuando ve a su hija y a su nieta, ¿qué siente “hizo bien” como mamá y abuela? ¿Y cuál es el mayor aprendizaje que recibe de ellas?

   —L: Cuando veo a mis dos hijos y a mis tres nietos lo único que siento es orgullo. Hay una frase de Fontanarrosa que cuando le preguntaron: “Qué deseás para tu hijo?”, él respondió: “Deseo que los amigos se pongan felices cuando lo vean venir”. Y eso sucede con mis hijos, a donde van son queridos, se destacan por su empatía, su respeto al prójimo, por ser detallistas y muy divertidos los dos. En Alejandra reconozco mi tenacidad, mi empuje y mi solidez. Es una mujer hermosa, profesional, de paso firme, mirada profunda y de esas personas que consigue todo lo que se propone.  Estoy tan profundamente orgullosa de ella que hasta me enorgullecen sus errores, porque quizá sea allí donde más se parece a mí. Creo que en mí siempre existió la urgencia de sobrevivir, de ser, de crecer, de trabajar y de desarrollarme como persona y como profesional. Alejandra tuvo la oportunidad de estudiar y de obtener ese título que ella buscó, nunca para de formarse, siempre busca nuevos desafíos y siempre llega donde se propone. Renata, es aún más privilegiada que Alejandra. Tiene a su mamá y a su papá juntos, siempre la están motivando a experimentar, cocinan juntos desde que es muy chiquita, baila, canta, pinta, viaja. Y también tiene una abuela que la mira crecer sin urgencias, sin necesidad de buscar espacios seguros porque su espacio seguro es su hogar. 

   —Fuera de la “astróloga famosa” que es su mamá, ¿qué es lo que más admira de ella como mujer y qué podría contar que quizás la gente no sepa?

   —A: Lo que más admiro de mamá es su empuje. Es una mujer con una iniciativa increíble. Admiro su capacidad de seguir adelante. La vi atravesar momentos muy difíciles y nunca bajó los brazos. Puede caerse, puede dolerle, puede cansarse, pero vuelve a levantarse y sigue. Creo que esa fuerza, esa manera de hacer y de transformar lo que tiene en algo mejor, es una de las enseñanzas más grandes que me dio. Como también que si me cierran las puertas, entre por la ventana, ya que de “no” está llena la vida, pero hay que insistir para lograr el “si”. Quizás no sepan que es una verdadera todoterreno: cocina espectacular, te arregla un enchufe, es una gran artista, pinta de maravilla, y puede pasar de estar hermosa de tacos y maquillada en un evento a cambiarte la rueda del auto.

   —¿Siente que en algún momento se intercambiaron los roles y su hija hizo un poco de madre de usted?

   —L: Sí, y con Ale lo percibí de una manera muy clara hace muchos años. Habíamos ido juntas al centro, y como madres, una siempre espera que sus hijos tomen el taxi primero para quedarse tranquila. Pero ese día fue ella quien esperó que yo subiera antes. Nunca me voy a olvidar de ese momento. Pensé: “Llegó el día. Ahora sos vos la que espera a que yo tome el taxi”. Puede parecer un gesto muy pequeño, pero para mí fue profundamente significativo. Y lo sigue siendo hasta hoy. Alejandra está presente en todas mis decisiones. Está cuando estoy sana y cuando estoy enferma, cuando estoy feliz y cuando estoy triste. Me acompaña, me aconseja y, muchas veces, termina haciendo un poco de mamá conmigo. Tengo hijos muy amorosos, me cuidan mucho, y yo me siento feliz de ser así de mimada y cuidada por ellos. Fui una madre joven, y siento que en cierto punto hubo momentos en los que crecimos juntos. Pero hoy veo un hombre y una mujer completamente realizados y maravillosos.

   —Tengo entendido que les encanta disfrutar tiempo juntas. ¿Es cierto que desde que se separó Lourdes, hay salidas que hacen juntas con las amigas suyas y de Ale?

   —L: Ale tiene una capacidad maravillosa de tener siempre propuestas de planes divertidos y originales, arma días de spa, cenas, reúne a sus amigas, me invita a mí con las mías, y se forman salidas de mujeres de todas las edades, de los 35 a los 65 años, todas de distintas áreas, en distintas etapas de la vida, pero todas con un mismo propósito: disfrutar, celebrar la vida y acompañarnos en el camino.

   —¿Cuál es el valor o la lección más importante que quieren que la siguiente generación mantenga viva?

   —L: Hoy la mirada de las dos está puesta en la generación de Catalina, Renata y Valentino. Con mucho esfuerzo y voluntad cada una de nosotras, a su manera, ha ido corriendo los límites. Sin duda las generaciones venideras no empezarán desde el mismo lugar que nosotras. Hay una frase que dice: “Abrigáles la infancia y no pasarán frío el resto de su vida”, y eso estamos haciendo, poniendo lo mejor de nosotras, cada una en su rol, para criar niños que desde pequeños sepan que su opinión importa, que son valorados, y que pueden disfrutar con tranquilidad porque siempre estaremos para acompañarlos en cada etapa de su vida. El valor más importante para nosotras es el de ser una familia unida, de apoyarnos y acompañarnos en los mejores y peores momentos. Así somos entre nosotros y pretendemos que ellos lo sean también.

   —Por primera vez van a estar realizando un evento juntas sobre bienestar. ¿De qué se trata y qué huella desean dejar con este proyecto?

   —L: Alejandra es escribana, pero tiene una impronta estupenda para organizar, ser anfitriona y es muy creativa. Yo a lo largo de mi vida siempre estuve en una constante búsqueda, experimentando todo tipo de herramientas para buscar el equilibrio y el bienestar, y algunas me ayudaron a salir adelante más de una vez cuando no había solución aparente.

   —A: Mamá siempre me observó y acompañó mucho, y este año se animó a dar forma a un proyecto que hace años viene rondando en su cabeza, de experiencias personales, viajes y una propia búsqueda de vivir mejor. Bienestar Summit será un evento que se realizará el 25 de octubre en Hyatt Centric, que reúne profesionales, conferencistas y experiencias que tienen un único objetivo: encontrar herramientas que nos ayuden a vivir mejor. Amo vivir experiencias, siempre estoy buscando algo nuevo para hacer o aprender y quiero que la gente curiosa como yo, que está en una búsqueda personal, o que simplemente quiere frenar un poco el ritmo y vivir un día diferente, pueda encontrar un espacio donde poder hacerlo. Tener proyectos en común siempre es un lindo plan para nosotras, y este no es la excepción.

 

Fotos: Mayu Capote. Texto: María Noel Álvarez. Agradecimientos: Locación: Hyatt Centric Montevideo. Peinado y maquillaje: Kalvin Planas.

 

 

 

 

 

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