Cuando la familia real británica creía haber dejado atrás uno de sus capítulos más incómodos, el nombre de Andrés de York vuelve a irrumpir en escena. El hermano del rey Carlos III fue detenido este jueves por la policía británica, acusado de presunta “mala conducta en cargo público” tras compartir información confidencial con Jeffrey Epstein, el financista vinculado a una red internacional de delitos sexuales.
La noticia sacudió a Reino Unido no solo por el peso institucional del implicado, sino porque el duque llevaba años apartado de la vida pública precisamente por sus vínculos con el magnate. La detención reabre interrogantes sobre el alcance de esa relación y sobre cuánto sabía realmente el entorno real.
Lejos de los actos oficiales y del protocolo, el caso devuelve al expríncipe al centro de un escándalo global que la monarquía británica intentaba superar. Y confirma que, en la realeza, el pasado nunca queda del todo atrás.