sábado 01 de octubre del 2022
CARAS DECO 22-10-2021 08:30

La elegancia de lo simple

Madre e hija, Maria Elena Salaya y Aldana Blizniuk son socias y complementan la experiencia y la vanguardia tecnológica de dos generaciones de arquitectura en Punta del Este desde hace más de diez años. Galería de fotosGalería de fotos

María Elena Salaya y Aldana Blizniuk del estudio Salaya-Blizniuk Arquitectos coinciden que la base de su trabajo es escuchar al cliente: “El arquitecto es una suerte de psicólogo, tenemos que conocer cómo funciona la familia, la persona y cómo vive su casa para ayudarlo a mejorar su calidad de vida. La idea es captar el espíritu y el alma de lo que necesitan. Tanto económicamente como el funcionamiento familiar” explica María Elena.

No se encasillan dentro de ningún estilo pero sí las caracteriza la luminosidad, la armonía de colores, la convivencia de texturas y materiales nobles como la madera, la piedra y el hormigón. “Hacemos arquitectura tradicional, viviendas prácticas, sin pasillos, funcionales. Que tengas el enchufe donde quieras, que te resuelva la vida. También buscamos que no sea algo pasajero. Hacemos casas para que perduren, que no persigan modas, sino que sean para siempre aunque cambien su dueño”. Y como las dos son fieles amantes del arte culinario, se animan a decir que la cocina es el corazón de sus casas y sueñan con hacer un restaurante “topisimo, amplio, de estilo industrial, con objetos no uniformes, bien pensado”.

Los sillones fueron realizados a medida por las arquitectas, al igual que las alfombras de yute. Las mesas ratonas son cuatro módulos de roble americano, y completan el diseño dos esculturas de madera del arquitecto y escultor argentino Pablo Fracchia.

El proyecto favorito –y el más desafiante– de Salaya-Blizniuk es una casa moderna en un barrio privado, creada para agasajar y reunir a la familia y ser sede de amigos de los hijos. La construcción de los 800 metros cuadrados se hizo en tan solo siete meses. “Pusimos una grúa en el medio para no perder tiempo en acarrear materiales, hubo hasta setenta personas trabajando”.

Se hizo para una familia con tres hijos de más de 20 años y una niña más pequeña. Como el ancho del terreno era escaso, la casa se desarrolló a lo largo del predio creando dos núcleos: la vivienda hacia el mar con dos plantas, donde está todo el desarrollo social y el área de galería que mira a la piscina. Enfrente se encuentra la zona para los jóvenes con cuartos idénticos en suite para evitar discordias, equipados con kitchenette y una gran terraza para ver el atardecer.

Las butacas fueron diseñadas por un creador brasileño, en teka y soga.

Esta casa fue pensada para tener un valor agregado, por eso emplea con materiales nobles, porcelanatos unificados en toda la casa, piedra gris, lapacho y buenas aberturas. Un material único para todo: un cerámico, un neolite, un silestone. Hormigón, vidrio y madera enmarcan estas elecciones. “Funciona el hormigón, el lapacho, la piedra. No es necesario tener que pintar todos los años las paredes. Es fundamental contar con buenas aberturas, con cierres hidráulicos y doble vidrio”.

Con la idea de descontracturar los sistemas tradicionales de barandas, colocaron listones de Douglas Fir de 3”x 3”.

La cocina es el espacio de disfrute de esta familia, con una isla gigante para que puedan desayunar y almorzar todos. Ellos cocinan, así que se dieron el gusto con doble horno gastronómico, horno exterior y doble hornallas. También para esta casa confeccionaron todo el mobiliario con su marca La Clé.

Tanto María Elena como Aldana creen que la tendencia hoy es ser simples pero nunca aburrirse. “Si pintás las paredes de rojo al quinto día te querés ir. Podés poner un detalle, algo que puedas cambiar muy simple, como las fundas y los sillones”.

Menos es más, volvemos a eso. Concluyen las arquitectas.

La cocina es el corazón de esta casa, y por eso todo su diseño fue pensado para el disfrute familiar: la gran isla de silestone, los hornos y el mobiliario fueron ideados y hechos a medida.

Texto: María José Loss

Fotos: Sabrina Orr

Foto: Pablo Kreimbuhl

María Elena Salaya comenzó su carrera en Buenos Aires, donde vivió con su familia. Aldana Blizniuk, su hija menor, siguió sus pasos: se recibió de arquitecta pero se fue a vivir a Punta del Este. Luego de trabajar en conjunto en proyectos como la reforma del Hotel Atlántico, viviendas unifamiliares y en barrios cerrados, fue María Elena quien la siguió hasta el inspirador balneario para crear uno de los estudios más buscados de Uruguay. Convocadas para cualquier tipo de proyecto, ahora se dedican también al interiorismo.

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