sábado 01 de octubre del 2022
CARAS DECO 12-08-2022 13:13

Permacultura

Una filosofía basada en el uso productivo, respetuoso, integrador y regenerativo de la tierra

Arq. Gabriela Pallares

La permacultura es un diseño de procesos donde generalmente se trabaja a muy largo plazo, (la unidad mínima es un año). “Te casas con un predio y esa relación hace que vayas entendiendo, observando y corrigiendo, durante varios años”.

 

Recorrer con Margarita Palatnik algunos de sus trabajos más recientes es disfrutar de una clase magistral al aire libre sobre plantas nativas y técnicas de permacultura para volver con las manos oliendo a romero y la mente reflexionando sobre cómo se diseñan los entornos y las decisiones que se toman al intervenirlo.

Margarita Palatnik

Si bien es conocida por su trayectoria al frente de la tienda Mar Abierto en la Barra, Punta del Este, en los últimos años ha descubierto otra pasión que la lleva desde los interiores que ha equipado hace años a los exteriores, y del producto al servicio, pero con una mirada conceptual diferencial. “Mi misión en la vida es encontrar la vocación del terreno y crear hábitats”. 

Su casa, cerca de la zona de José Ignacio, es su laboratorio de experimentación, siguiendo los principios de la permacultura, una disciplina ya extendida globalmente y reseñada por publicaciones como The Economist. Los australianos Bill Mollison y David Holmgren acuñaron el término “permacultura”en los años ´70 a partir de la fusión entre “permanente” y “agricultura”. Buscaban una alternativa a la agricultura industrial y sus efectos destructivos sobre el medio ambiente. En su lugar, concibieron un sistema integrador y regenerativo en el cual se combinan la vida de los seres humanos de una manera respetuosa y beneficiosa con la de los animales y las plantas, para proveer las necesidades de todos en un sistema productivo de una forma equilibrada y ética.

Un ejemplo de ello es el criterio de dividir nuestros predios en forma concéntrica, alrededor de la vivienda o el lugar de concentración de actividades, resolviendo más cercanamente lo relacionado a consumo comestible, para ir alejándose con otras funciones secundarias como la seguridad (plantas espinosas), barreras de viento y hasta purificación de cauces de aguas grises (para no contaminar napas) o generación de biogás.

A diferencia del paisajismo, la permacultura genera no solo diversidad mediante plantas nativas, sino que agrega capas de funciones y busca dejar un “neto positivo” como resultado de toda intervención del territorio. 

En un espacio preexistente, todo comienza en la primera etapa cuando se decide qué debe dejarse de cortar, quemar y podar, para luego editar las especies que conviven. Esa instancia donde todo parece más desprolijo es la más crítica. “¿Qué pasó que no cortaste el pasto?”. Esa, dice Margarita, es la exclamación más habitual en esta etapa. Pero son procesos de transformación. Pasada la misma, se agregarán otras plantas cubiertas con capas generosas de mulch, un conjunto de materiales orgánicos que nutren el suelo y fortalecen la vida vegetal, que prospera sin agregados químicos para su crecimiento o combate de plagas.

Cuenta Margarita, a modo de ejemplo, que el día que estaban terminando de plantar cuarenta y cuatro nuevas especies nativas en un terreno, apareció un guazuvirá, un venado nativo. 

“Estamos creando corredores biológicos donde circulan aves y mamíferos, que tienen qué comer, con protección mecánica de plantas y, ayudados por la fauna, se dispersan hacia otros territorios ampliando los ecosistemas.”

Según el alcance y la complejidad de cada desafío, se arma el equipo con un ingeniero agrónomo, biólogos y asistentes de jardinería que luego serán quienes mantendrán los espacios. También trata de integrarse a parques existentes sin que se note que se hizo algo, mejorando el resultado funcional a la naturaleza sin modificar totalmente la estética del lugar.

A nivel local, resalta la calidad de las pasturas uruguayas, posicionadas entre las que más atrapan carbono del planeta por la naturaleza de las praderas naturales. Esto se potencia en la ganadería regenerativa con manejos de alta carga y poco tiempo. Allí, los terrenos se dividen en potreros y el ganado se va rotando; luego que se agota la pastura en uno, se regeneran en  los otros. Eso, exactamente, es lograr más resultados con menores insumos, optimizando el mismo ganado, un aspecto a mayor escala de la visión de la permacultura. 

Otro tema que observa Margarita, es el desfasaje con algunas tendencias internacionales: “En todo el mundo las municipalidades han dejado de poner glifosato y cortar el pasto. Acá aún la prolijidad sigue siendo una virtud rectora si bien a nivel de naturaleza no lo es”. Un ejemplo tangible de esa mirada es el Highline de Nueva York, diseñado por Piet Oudolf.

Sus desafíos próximos: una chacra paisajísticamente mágica con trescientos metros de costa serpenteante sobre el arroyo José Ignacio y la intervención en una chacra de veinte hectáreas desde cero, con cinco tajamares y conceptos de circulación, trabajando en conjunto con un ingeniero inglés que vive en la zona, buscando las funciones y luego adaptando las especies. Allí harán un food forest, un bosque comestible, con frutales, nogales y árboles medicinales. 

Su motivación es que, ya sea en un balcón o una chacra de varias hectáreas, siempre pueda hacerse una diferencia en las decisiones que se toman en la gestión, diseño y funcionalidad para minimizar el impacto y regenerar recursos, alineado con esa ética y filosofía y de paso, con los objetivos de descarbonización del planeta hacia el 2030.

Instagram: @lahortelanauy

Margarita Palatnik

Margarita Palatnik