martes 28 de junio del 2022
CARAS MODA URUGUAY 18-05-2022 10:05

Florencia Ottonello: “Existen muchas formas de acercarse a la maternidad”.

Siete años después de haber atravesado un cáncer de mama, una de las socias a cargo de Pastiche - Sister Project espera a su primer hijo. A días de dar a luz, conversa con Caras Moda y nos comparte parte de su historia.

Agustina Amorós

Florencia Ottonello (37) es una de las socias a cargo de Pastiche - Sister Project, que emprende desde hace diez años con Lucía, su hermana. La grifa fue testigo del crecimiento acelerado de la moda local y supo mantenerse –y crecer– en un mercado cada vez más competitivo. Este otoño, siete años después de haber atravesado un cáncer de mama, Florencia espera a su primer hijo. A días de dar a luz, conversa con Caras Moda y nos comparte parte de su historia.

Seguramente sea mejor que hables con mi hermana, que es la diseñadora. Mirá que yo soy la chica del Excel”, me advierte Florencia en un pintoresco arrebato de humildad, ante la propuesta de la entrevista. Los roles están claros en esta sociedad de hermanas: Lucía es la diseñadora y directora creativa, y Florencia la responsable comercial. Pero a mí me consta que en ella hay más que el buen dominio de las planillas. Pastiche es una de las marcas que ha sabido sostenerse en el mercado uruguayo a lo largo de los años. Lograron crecer junto con la industria y hoy cuentan con dos locales propios, uno en Punta Carretas y otro en Carrasco, y tienen una sólida plataforma de e-commerce. Además, desde hace tres años, exportan sus prendas y tienen entre sus clientes a Urban Outfitters. No demoro en convencerla para la entrevista, por lo que pocos días después me siento en el sillón de su casa para conversar. Fue necesario accionar rápido, porque el embarazo de Florencia está a término y el bebé puede llegar en cualquier momento. A través de su cuenta de Instagram @florotto pude saber varias cosas por adelantado. Como que tiene un sincero gusto por su trabajo. Que vive con su esposo. Que tienen un simpático bulldog francés. Que le gusta viajar, porque tiene registros recorriendo los rincones más recónditos del mundo. Que tiene una gran sensibilidad estética. Que comparte la vida con muchos amigos. Que atravesó un cáncer de mama. Y, principalmente, que tiene una interesante forma de ver la vida. De todo eso le quiero preguntar. 

Universo creativo

Florencia es la menor de cinco hermanos. Su madre es dueña de una inmobiliaria y su padre de una empresa de calefacción y acondicionamiento térmico. Vivió muchos años en Carrasco, donde fue al colegio, pero durante su primera infancia vivieron en Malvín, en la casa de su abuela. “Tengo los mejores recuerdos. Siempre fuimos muy unidos y tengo un vínculo espectacular con mi familia”, comenta Florencia. Desde muy chica le incentivaron el desarrollo artístico: en su casa había un piano, iba a clases de ballet, aprendió cerámica y tomó clases de comedia musical. “Nunca me fue muy bien en lo académico, pero siempre fui muy trabajadora. De chica cuidaba niños, repartía panfletos y a los 16 años tuve mi primer trabajo fijo ayudando a una maestra que daba clases particulares”. Cuando terminó el liceo comenzó a trabajar con su mamá en la inmobiliaria, y se inscribió en el Centro de Diseño Industrial, pero abandonó a los pocos meses para dedicarse de lleno a trabajar. Años más tarde, emprendió con una amiga un negocio en el que compraban muebles para restaurar, hasta que surgió la idea de tener un proyecto familiar entre hermanas. “Mi hermana trabajaba hacía años en Uniform, que es la empresa de su marido, donde coordinaba todo el equipo de diseño. Acababa de tener un hijo y tenía ganas de emprender algo propio, en otra escala y con otros tiempos”, explica Florencia, y así es como nace Pastiche. “Comenzamos con una inversión mínima, hacíamos de a 10 o 20 prendas y las vendíamos vía Facebook. Nos empezó a ir muy bien por lo que, al poco tiempo, creo que ya al año y medio, estábamos con presencia en una tienda física: un local compartido con otras emprendedoras amigas, que fue t_i_e_n_d_a”, dice. Es cierto que el ecosistema de la moda uruguaya era otro, más incipiente e informal: “El diseño local estaba más asociado a las ferias, era algo más liviano, no se lo tomaba con la seriedad que tiene hoy. Con el correr de los años la industria creció mucho, las marcas evolucionaron y eso repercutió favorablemente para todos. Creo que también tuvo que ver el acceso más fácil a la información. Antes, si no viajabas, si no comprabas revistas, era muy difícil estar actualizado de lo que se estaba ofreciendo. Las personas invertían en ir a Europa o a Nueva York a ver los lanzamientos de las nuevas colecciones. Ahora, con las redes sociales, las tendencias están inmediatamente en la palma de tu mano. Eso se nota. Tenemos un mercado mucho más aggiornado. Esto, acompañado con la tendencia global de consumir local, hizo que se valorara mucho más el diseño uruguayo. Siento que Pastiche fue siempre respetada”

Flor Ottonello en CARAS MODA

 

Desde su origen, Pastiche se preocupó por conseguir un producto bien logrado, con diseño y buenas terminaciones. Es una marca que sigue las tendencias, pero que logró construir una identidad propia. Las hermanas se inspiran en su historia: “Amamos lo vintage y eso está presente siempre de alguna manera. En el fitting, en las telas, en la propuesta en general. Muchas veces hemos traído como referencias prendas que eran de mi madre o de mi abuela. A las dos nos gusta mucho la música, entonces también hay influencia de artistas que nos inspiran. Hacemos ropa para personas relativamente audaces. Son prendas con personalidad. Nos interesa volcarnos cada vez más a lo unisex y abarcar un gran espectro de edades y talles. No queremos hacer ropa para cuerpos irreales. Buscamos salirnos de lo hegemónico en todo sentido y proponer lo bello de otra manera”. 

En cuanto a la producción, la inmensa mayoría de las prendas se hacen en Uruguay. A lo largo de los años, han cultivado una valiosa red de talleres y proveedores, a pesar de que nuestro mercado es muy chico, lo que trae limitaciones. “Estamos muy contentas con el vínculo que tenemos con los talleres. Nos interesa generar relaciones de confianza, continuas y duraderas. Trabajamos con talleres grandes, otros más chicos, y también con personas que cosen desde su casa de manera individual. Nos preocupamos para que siempre tengan trabajo, porque es cierto que los talleres también atraviesan sus complejidades. Las fábricas siguen cerrando; especialmente las más grandes y profesionales, que están muy complicadas. No pueden competir con los precios de China o India, que además te entregan un producto terminado, con todos los chirimbolos: el colgante, la etiqueta, el cosito, el código de barras y la bolsa... En Uruguay el trabajo es muy artesanal: se corta acá pero se cose allá, se manda a bordar y después se lleva a otro lado para terminar y lavar…  Aún así, nos encanta trabajar en la región. Apostamos a que un 95 % de nuestras prendas sean confeccionadas en Uruguay. El restante lo hacemos en Brasil y algunos artículos puntuales, te diría que uno por temporada, lo hacemos en China. Son productos que acá no se pueden desarrollar”, explica.

En 2019, con el apoyo de Uruguay XXI, Pastiche estuvo presente en Capsule, una feria en Nueva York, donde lograron concretar varias ventas para el exterior. Florencia agradece el apoyo, no solo desde el punto de vista económico sino desde la estrategia. A través del programa las conectaron con una agencia estadounidense que las asesoró en comercio internacional. “Nos explicaron cómo funciona un haul sale, cómo presentar los productos y en qué términos vender. Esa data se puede averiguar, pero lleva mucho tiempo y ellos nos dieron la información necesaria para que vayamos bien preparadas. Son ventas mayoristas: te compran desde boutiques hasta grandes superficies. Las marcas van con un muestrario, un listado de precios y van tomando órdenes. De esa experiencia volvimos con un importante cliente, Urban Outfitters, y con eso ya valió la pena seguir yendo. A medida que vas conociendo, entendés que hay también otras ferias, empezás a recorrer y a junar cuál es mejor para tu tipo de producto. Gracias a Uruguay XXI se nos abrió un mundo de posibilidades que nosotras supimos aprovechar”. Le pregunto si hay algún producto que se destaque particularmente en las ferias internacionales y Florencia menciona sus jeans y tejidos, aunque aclara que se vende de todo. Según comenta, abrirse al exterior las ha impulsado a crecer, aún en tiempos de pandemia. 

“Desde Pastiche buscamos salirnos de lo hegemónico en todo sentido y proponer lo bello de otra manera”
 

Capítulo aparte

Florencia recién había cumplido los 30 años cuando le diagnosticaron cáncer. Un año antes le había salido un bulto en una mama, por lo que fue a consultar. Le mandaron una ecografía de rutina y la tranquilizaron con que no era más que una mama fibrosa: “No me dijeron que vuelva, ni que me lo controle, ni nada. Por lo que me fui a mi casa y volví al año siguiente a hacerme el pap de rutina. Aproveché para hablar con el ginecólogo y decirle que me quería sacar el bulto, porque sentía que estaba más grande y me había empezado a molestar. Como era diciembre y no había urgencia, quedamos en sacármelo después del verano para que no me molestara tanto la cicatriz. Cuando fui a la ecografía, el médico decidió puncionarme el bulto y un ganglio, y rápidamente supe que era cáncer de mama”, narra. Como contaba con un seguro médico internacional, decidió viajar a Estados Unidos para tener una segunda opinión respecto al tratamiento. Todo sucedió muy rápidamente y cuando llegó febrero ya estaba en plena quimioterapia. Posteó una foto en su cuenta de Instagram donde se la ve calva y sonriente: “De Pocahontas a: Sinéad O'Connor, Gandhi y cabeza de chichón”, escribió, con una admirable manera de afrontar el tema. Florencia me cuenta que pocos años antes del diagnóstico había vivido una tragedia, cuando su novio, con el que convivían, murió en un accidente de tránsito. “Creo que ese preámbulo en mi vida, que fue devastador, me dio perspectiva para todo lo demás. No me creía capaz de superar más dolor, pero esto era diferente porque me estaba pasando a mí. Si hubiera sido a otro ser querido, hubiera enloquecido. Pero como era yo, era diferente”. 

El tratamiento duró aproximadamente cuatro meses. Consistió en varias sesiones de quimioterapia y una cirugía donde le extirparon ambas mamas: “Lo primero que me hicieron en Estados Unidos fue un examen de genética, porque eso incidía en cómo sería la operación. Era un estudio de rutina que hacían allá, si no me equivoco ahora lo están haciendo también en Uruguay, pero en ese momento no era lo habitual. El resultado dio positivo por lo que toda mi familia tuvo que estudiarse. Mi hermana Lucía dio positivo y a partir de eso decidió operarse para sacarse las dos mamas. En ambas tenía pequeños tumores que eran demasiado chicos para detectarlos. Los médicos celebraron que haya tomado esa decisión preventiva, porque seguramente más tarde hubiera tenido que hacer un tratamiento oncológico”, explica Florencia, que narra los acontecimientos de forma calma y racional. 

Florencia Ottonello en CARAS MODA

Describe su tratamiento como un proceso lento, largo y agotador, pero no pierde de vista que lo atravesó de la mejor manera posible. “La quimioterapia es muy cansadora, pero también es cierto que la medicina ha evolucionado mucho. Yo trato de no detenerme en el drama sino concentrarme en la suerte de atravesar lo feo con todos los recursos y privilegios que tengo. Cuento con terrible institución médica donde me tratan impresionante, tengo la posibilidad de atenderme con grandes médicos, hago la quimio en un lugar comodísimo donde me miman y me permiten ir con alguien… Tengo una gran familia, una pareja, amigos incondicionales. Si yo no estoy bien, qué dejo para los demás. Horrible es atravesar una enfermedad en malas condiciones. Estar solo cuando te sentís como el culo. Tener que estar siete horas pasándote una medicación en una silla incómoda. Necesito tener eso presente y decir: qué cagada, me tocó esto, pero tengo mil privilegios. Obviamente es importante estar atento a los sentimientos que surgen, para reconocerlos y llevarlos por el mejor camino… tampoco es cuestión de negar que uno está triste, se siente mal, se enoja, y se pregunta por qué a mí. Hay que saber masticar las emociones para largarlas. Tuve la suerte estar muy contenida. Tengo gente a mi alrededor que me quiere mucho y yo a ellos. Eso hace que todo en la vida sea más llevadero”, dice. Y así como es capaz de vivir el cáncer sin dramatismo, tampoco propone una mirada edulcorada de la realidad: Con mis vínculos también hubo un proceso de aprendizaje. Uno es el que tiene cáncer, pero los más cercanos transitan contigo la enfermedad. Es inevitable caer en una posición un poco egocéntrica, yo me permití transitarlo… pero también hay que entender que mientras vos estas en ese proceso, la vida de los demás continúa: les pasan cosas, tienen sus propias preocupaciones y sus tiempos. No pueden estar todo el día en tu cabeza y en tus zapatos”. 

“Uno es el que tiene cáncer, pero los vínculos cercanos transitan contigo la enfermedad”.

 

 

Hablemos de maternar

La fertilidad preocupaba a Florencia más que otros efectos negativos de la quimio. Según relata, en la primera consulta oncológica que tuvo de urgencia, la doctora le hablaba de la caída del pelo mientras ella pensaba en fertilidad. “Tengo 30 años. No tengo hijos. Sé que el tratamiento me puede dejar estéril”, pensaba ella, por lo que mientras la doctora le contaba sobre las pelucas, Florencia salió corriendo a ver a un especialista en fertilidad. “Con esto no quiero decir que lo del pelo no sea importante, pero para mí sinceramente no fue un tema, mientras que lo de la fertilidad sí”. Fue así que, en lapso de pocas semanas, alcanzó a congelar óvulos. “Fue todo medio como tejo. Justo estaba en un momento en que podía arrancar el tratamiento de estímulo y logré hacerlo. Así, rápido, que salga lo que salga. Luego de eso pude empezar la quimio con más tranquilidad. Fue un movimiento que me liberó de estar afligida por eso”. Me gusta su pensamiento práctico y su incentivo a que otras mujeres puedan barajar la misma opción. “Esta experiencia me hizo pensar mucho en las mujeres en general, independientemente de si están atravesando o no una enfermedad. Yo no estaba 100 % segura de si quería ser madre. Creía que sí, definitivamente deseaba tener la opción, pero me permití cuestionármelo. Somos un país muy tradicional en ese sentido y siento que se juzga mucho de afuera. Si no querés ser madre es porque tenés algún problema, un trauma o sos egoísta y eso es un disparate. Muchas veces el deseo llega a destiempo con los tiempos biológicos, es una realidad que le pasa a muchas personas. También sé que hay mujeres que deciden ser madres antes de tiempo por el miedo a que después les cueste quedar embarazadas. Yo creo que es una decisión muy grande como para tomarla en un momento que no es oportuno, o no tenés ganas, pareja o lo que sea. ¿Por qué no consultar? Ir al ginecólogo y decirle: Mirá, yo ahora no quiero tener hijos, pero me interesa saber cómo estoy, cómo ovulo, qué tal están mis trompas de Falopio, etc. Hacerse exámenes de rutina. Si te estas poniendo nerviosa por la edad o por lo que sea, tenés la opción de congelar óvulos. Son tratamientos costosos, pero si tenés ese privilegio, no entiendo porqué no hacerlo. No es para nada complejo y ganás tranquilidad”.

Nos quedamos conversando sobre la maternidad llevando adelante un negocio, el desamparo estatal que sufren muchas mujeres, la brecha salarial y los desafíos al elegir traer un hijo al mundo. “Yo viví muchas cosas, amo mi trabajo, aprecio mucho mi libertad y valoro todos estos años que pude estar dedicada a mí”, comenta con sinceridad. Cuando llegó el deseo de emprender la búsqueda, con su marido, Agustín, analizaron internamente todas las opciones. “Cuando tomamos la decisión, me mentalicé con la idea de que podía pasar que yo no pudiera quedar embarazada. Existen muchas formas de acercarse a la maternidad y yo estaba dispuesta a abrazar todas llegado el caso. Buscamos un buen tiempo. Quería que llegara cuando tenga que llegar, pero estaba activamente analizando las opciones. Veníamos tramitando con el Fondo Nacional de Recursos para hacer el tratamiento in vitro, cuando quedé embarazada por gestación natural. No imaginé que esto podía pasar. Fue un regalo impresionante”. Tao, su bebé, nació mientras se imprimía esta edición.